Asociación de niños de Ucrania-Castellón

Asociación de niños de Ucrania-Castellón

Asociación de niños de Ucrania-Castellón - Asociación de niños de Ucrania-Castellón

Marina

Marina

Cuando decidimos acoger a una niña de Ucrania para pasar el verano con nosotros en España, fue un hecho que meditamos debido a la situación de su País y a los acontecimientos ocurridos en la central de Chernobil. Puesto que estos niños que vienen en acogida son de la zona afectada, de la catástrofe anteriormente mencionada.

La niña que acogemos se llama Marina, es muy simpática y graciosa, ya el primer año nos hizo pasar un verano muy intenso y agradable.

En cuanto a su comportamiento es una niña que se ha adaptado muy bien a nosotros, a nuestras costumbre y forma de vivir.

En el pueblo donde veraneamos al principio le costó un poquito, pero ahora está totalmente integrada; cada verano que pasa tiene más confianza con todos.

En nuestro país, ha descubierto las playas, y quizá por los cursillos de natación que ha recibido para aprender a nadar, en la piscina es donde mejor se lo pasa.

 

No es una niña muy comedora, pero hay ciertas comidas de España que le encantan, como la paella, los mejillones, las pastas, etc.
Le encantan los animales, un verano visitamos el Zoo de Barcelona, y otro el Oceanogràfic de Valencia, la actuación de los delfines es lo que más le gustó.

Entre sus aficiones, le gusta ir al cine y también dibujar, pues tiene mucha imaginación para el dibujo espontáneo.
En el 2004 invitamos a un hermano suyo para pasar el verano con nosotros, Marina estaba muy contenta al tener a su hermano aquí.

Todos los años hemos ido a las actividades conjuntas organizadas por la asociación; a Aquarama, a las Grutas de San José, El Planetario del Grao, El Pinar, Visita a los Bomberos y a la Policia.
También hemos sido recibidos en audiencia en la Diputación  y en Ayuntamiento de Castellón.

En el 2004, fuimos de visita a Ucrania, conocimos a su familia que nos dio una agradable acogida. Fue una grata experiencia que queremos repetir en breve.
En el verano del 2005, invitamos a su hermanita más pequeña que tenía cinco añitos y nos sorprendió la protección hacia su hermana.
Este verano será el sexto que pasará con nosotros, y cada vez nos sentimos más ilusionados y más convencios del bien que estamos haciendo todas las familias acogedoras a estos niños de la zona de la catástrofe de Chernobil.

Amparo y Salvador

Nastia

Nastia

Nastia llegó a nuestra casa en junio de 2005. Era el tercer año que venia a España. Anteriormente habia ido a dos familias diferentes de Valencia y por distintas circunstancias no habia repetido.

 

Habiamos pedido a la asociación si podian traer una niña de entre 8 y 10 años porque tenemos una sobrina que en ese momento tenia 10 años. En principio no nos importó que fuera mayor, ni que no hubiera repetido con las familias, pero conforme iba llegando la fecha de llegada nos entraron los miedos: ¿será problemática?, ¿le gustaremos? ¿habra celos por el medio?. Pero la verdad es que desde el primer dia la adaptación a nuestra familia fue genial.

 

 

Teniamos un handicap resuelto, y es que la niña sabia hablar en español. Hizo muy buenas migas con mis sobrinas y con los hijos de mis amigos. Le gustaba comer de todo, sabia estar, conocia las costumbres españolas, sabia leer un poco en castellano, tambien escribir, cooperaba en la casa. Y aunque estaba de vacaciones era consciente de que venia a España para recuperarse de la radiactividad y nunca ha querido aprovecharse de la situación.

 

 

Nastia, es para nosotros, un sol de niña, con sus virtudes y sus defectos (que tambien tiene). Se ha enfadado y se ha desenfadado como cualquier niño de su edad. Pero nunca ha habido una mala palabra ni una mala acción.

 

 

 

Ha venido ya 4 veces a nuestra casa, porque tambien la traemos en Navidad. Y aunque nos duele cuando se va, pensamos que se va con su familia. Cada vez que viene engorda 3 ó 4 kilos y no se pone nunca enferma, pues cuando esta allí siempre esta resfriada.
La solemos llamar por telefono una vez al mes. Y oir que esta tan feliz y contando los dias que le quedan para volver con nosotros nos llena de satisfacción.

Inna

Inna

Mi marido, mi hijo y yo estábamos pensando en colaborar con alguna ONG que trabajara para los niños, fue entonces cuando en la prensa nos encontramos con esta asociación que buscaba familias de acogida para estos niños. Eso nos gustó doblemente: podíamos ayudar y al mismo tiempo disfrutar de uno de ellos en casa. Nuestro hijo era ya mayor y yo disponía de bastante tiempo libre.
En primavera hicimos todos los trámites necesarios en la asociación y a finales de junio nos llego la pequeña Inna (digo pequeña porque para sus 8 años era muy pequeña, ahora es toda una jovencita).

Cuando hablo con las familias que por primera vez van a acoger a uno de estos niños me plantean muchas preguntas, sobre sus miedos tales como el idioma, la comida, si se ponen enfermos, si no se adaptan, si lloran, … Y yo me pregunto ¿seriamos nosotros unos inconscientes? Nunca pensamos en nada negativo, todo iba a ser bueno y la verdad es que resultó y sigue resultando mejor que bueno. (no puedo decir quien ha recibido más si la niña o nosotros) y ahora si que empezamos a hacernos una pregunta ¿hasta cuándo vendrá Inna a nuestra casa? No queremos pensarlo demasiado.
Cuando venga Inna este verano le pediremos que ella de su opinión sobre lo que para ella ha supuesto tener una familia en Castellón. Nuestro más sincero agradecimiento a esta asociación y muchísimas gracias a los padres de Inna por confiar en nosotros.
Carmen y Vicente

 

Desde el principio me pareció una buena idea que una niña ucraniana viniese a pasar un verano a casa. Era evidente que sería bueno para su salud y además tenía la curiosidad, como hijo único que soy, de cómo sería compartir casa con otra personita. Aunque también es verdad que tenía mis dudas, sobretodo por si ella no era capaz de adaptarse a nosotros o, lo que me parecía más importante, nosotros a ella.
Recuerdo perfectamente el primer día: allí bajaba del coche Inna, tan solo 8 años. Al minuto de conocerla ya estábamos jugando juntos. A mediodía ya se le había pasado la vergüenza.

Los inicios fueron graciosos, sobretodo a la hora de comunicarnos. Íbamos todo el día con el diccionario detrás. Fue cuando mis padres y yo aprendimos las pocas palabras en ruso que aún recordamos porque rápidamente empezó a soltarse con el español. Es increíble lo rápido que aprenden los niños un idioma.
Gracias al buen hacer de mis padres, se convirtió en una más de la casa, con todos las atenciones del mundo pero también con sus obligaciones. Yo creo que ese fue el gran acierto. Se integró tan bien que parecía que nos conociéramos de toda la vida.
Aquel verano fue increíble. Todo salió a pedir de boca. Aunque con una niña como Inna, todo es más fácil. Ella le dio un brillo especial a todo y hacer eso es muy complicado en una casa donde siempre ha habido felicidad y armonía. Al final del verano y gracias a su carácter, pasó de ser la reina de mi casa a ser la de toda mi familia.

Así que cuando se acabó el verano, solo tenía ganas de que llegase el siguiente para volver a tener a Inna en casa. Y de eso ya han pasado casi 6 años y, aunque cueste creerlo, todo sigue igual o mejor. Cada año aumenta más, si cabe, la amistad, la complicidad y la confianza.
Al principio no concebía un verano sin Inna pero desde hace ya mucho tiempo no concibo la vida sin ella. Con Inna he aprendido el significado de la palabra hermano.
Jacobo

¡¡Vamos a acoger a una niña Ucraniana este verano!! Esa fue la gran noticia que nos dieron mis tíos ya hace de esto casi seis años. Por su puesto, no era una noticia era el gran notición, desde entonces la pregunta era: ¿ya tenéis todos los trámites hechos? ¿Sabeis como se llama? ¿Cuándo viene? … infinidad de preguntas que una vez todas resueltas dieron lugar a Inna, una niña que el primer día parecía algo tímida pero que sólo le costo cinco minutos, lanzarse al agua de la piscina y empezar a decir algunas palabras en nuestro idioma.
Inna es una niña encantadora, con muchas ganas de aprender y de ser feliz, derrocha felicidad, y aquella primera imagen de niña vergonzosa del primer día ya no la volvimos a ver. No sólo aprendió el idioma, si no que se acomodo en seguida en una cultura que no es como la suya, y por supuesto también nos ha aportado mucho, incluso hacemos ya nuestros pinitos en ucraniano. Es intentando aprender cosas de su idioma y su cultura cuando te das cuenta, lo difícil que es “mudarte por un tiempo a un país” sin nadie de tu familia y conseguir salir adelante tan bien como ella.
Y lo mejor de todo es que ellos saben muy bien cual es la meta de venir a España, y es ante todo, coger fuerzas para el invierno, y aun así, lo dan todo y hacen que cada año se les espere con más ganas que el anterior.
Veronica