Asociación de niños de Ucrania-Castellón

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Asociación de niños de Ucrania-Castellón - Asociación de niños de Ucrania-Castellón

Inna

Inna

Mi marido, mi hijo y yo estábamos pensando en colaborar con alguna ONG que trabajara para los niños, fue entonces cuando en la prensa nos encontramos con esta asociación que buscaba familias de acogida para estos niños. Eso nos gustó doblemente: podíamos ayudar y al mismo tiempo disfrutar de uno de ellos en casa. Nuestro hijo era ya mayor y yo disponía de bastante tiempo libre.
En primavera hicimos todos los trámites necesarios en la asociación y a finales de junio nos llego la pequeña Inna (digo pequeña porque para sus 8 años era muy pequeña, ahora es toda una jovencita).

Cuando hablo con las familias que por primera vez van a acoger a uno de estos niños me plantean muchas preguntas, sobre sus miedos tales como el idioma, la comida, si se ponen enfermos, si no se adaptan, si lloran, … Y yo me pregunto ¿seriamos nosotros unos inconscientes? Nunca pensamos en nada negativo, todo iba a ser bueno y la verdad es que resultó y sigue resultando mejor que bueno. (no puedo decir quien ha recibido más si la niña o nosotros) y ahora si que empezamos a hacernos una pregunta ¿hasta cuándo vendrá Inna a nuestra casa? No queremos pensarlo demasiado.
Cuando venga Inna este verano le pediremos que ella de su opinión sobre lo que para ella ha supuesto tener una familia en Castellón. Nuestro más sincero agradecimiento a esta asociación y muchísimas gracias a los padres de Inna por confiar en nosotros.
Carmen y Vicente

 

Desde el principio me pareció una buena idea que una niña ucraniana viniese a pasar un verano a casa. Era evidente que sería bueno para su salud y además tenía la curiosidad, como hijo único que soy, de cómo sería compartir casa con otra personita. Aunque también es verdad que tenía mis dudas, sobretodo por si ella no era capaz de adaptarse a nosotros o, lo que me parecía más importante, nosotros a ella.
Recuerdo perfectamente el primer día: allí bajaba del coche Inna, tan solo 8 años. Al minuto de conocerla ya estábamos jugando juntos. A mediodía ya se le había pasado la vergüenza.

Los inicios fueron graciosos, sobretodo a la hora de comunicarnos. Íbamos todo el día con el diccionario detrás. Fue cuando mis padres y yo aprendimos las pocas palabras en ruso que aún recordamos porque rápidamente empezó a soltarse con el español. Es increíble lo rápido que aprenden los niños un idioma.
Gracias al buen hacer de mis padres, se convirtió en una más de la casa, con todos las atenciones del mundo pero también con sus obligaciones. Yo creo que ese fue el gran acierto. Se integró tan bien que parecía que nos conociéramos de toda la vida.
Aquel verano fue increíble. Todo salió a pedir de boca. Aunque con una niña como Inna, todo es más fácil. Ella le dio un brillo especial a todo y hacer eso es muy complicado en una casa donde siempre ha habido felicidad y armonía. Al final del verano y gracias a su carácter, pasó de ser la reina de mi casa a ser la de toda mi familia.

Así que cuando se acabó el verano, solo tenía ganas de que llegase el siguiente para volver a tener a Inna en casa. Y de eso ya han pasado casi 6 años y, aunque cueste creerlo, todo sigue igual o mejor. Cada año aumenta más, si cabe, la amistad, la complicidad y la confianza.
Al principio no concebía un verano sin Inna pero desde hace ya mucho tiempo no concibo la vida sin ella. Con Inna he aprendido el significado de la palabra hermano.
Jacobo

¡¡Vamos a acoger a una niña Ucraniana este verano!! Esa fue la gran noticia que nos dieron mis tíos ya hace de esto casi seis años. Por su puesto, no era una noticia era el gran notición, desde entonces la pregunta era: ¿ya tenéis todos los trámites hechos? ¿Sabeis como se llama? ¿Cuándo viene? … infinidad de preguntas que una vez todas resueltas dieron lugar a Inna, una niña que el primer día parecía algo tímida pero que sólo le costo cinco minutos, lanzarse al agua de la piscina y empezar a decir algunas palabras en nuestro idioma.
Inna es una niña encantadora, con muchas ganas de aprender y de ser feliz, derrocha felicidad, y aquella primera imagen de niña vergonzosa del primer día ya no la volvimos a ver. No sólo aprendió el idioma, si no que se acomodo en seguida en una cultura que no es como la suya, y por supuesto también nos ha aportado mucho, incluso hacemos ya nuestros pinitos en ucraniano. Es intentando aprender cosas de su idioma y su cultura cuando te das cuenta, lo difícil que es “mudarte por un tiempo a un país” sin nadie de tu familia y conseguir salir adelante tan bien como ella.
Y lo mejor de todo es que ellos saben muy bien cual es la meta de venir a España, y es ante todo, coger fuerzas para el invierno, y aun así, lo dan todo y hacen que cada año se les espere con más ganas que el anterior.
Veronica

Categoría: Testimonios